jueves, 7 de mayo de 2015

Un poema sin título

Aunque el esquema de mis días de este año, de este año de paro, no guarda ninguna relación con los días de mi año anterior, cansados y atareados como pocos, mi vida sigue siendo más o menos como la describí, hace ya muchos meses, en el que hasta el momento es mi último poema:

Mi sombra y yo alargadas
bajo el disco solar que se desploma;
oscuras, invisibles
si se cierra la noche;
nuevas, mi luz y yo
cuando comienza el día.

Mis pasos me conducen hacia mis propios pasos,
mis gestos son espejo de mis gestos,
lo que digo lo he dicho ya mañana.
Los altísimos ojos de párpados inmóviles
de las casas conocen mis horarios.
Los que me observan siempre son los mismos.

Hay algo ritual en la rutina:
el drama de la muerte cada noche,
el renacer en las acciones mínimas,
el regreso al lugar del que venimos.
Y el nudo del deseo
que es nuevo cada vez y es invariable.

Mi vida es imitación de vida
y recreación de muerte
y volver a tus brazos.
Allí el mundo y el tiempo flotan lejos:
islas soñadas en la duermevela.

[María M. Bautista, noviembre de 2013]

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