miércoles, 11 de febrero de 2015

Propósitos de Año Nuevo

Yo tenía un propósito de Año Nuevo un tanto peculiar: terminar un poema, concretamente uno que empecé hace dos años. Qué cosa tan absurda, que durante tanto tiempo convivan conmigo, importunándome de cuando en cuando, algunas ideas y uno o dos versos que no suelen llevar a ninguna parte. Y es que nunca antes de este año me había propuesto escribir, en el sentido de materializar por fin lo que sólo son vagos fogonazos malamente expresados por palabras. "Proponérmelo", pensé yo, "seguramente facilite las cosas. A lo mejor lo mío ha sido siempre una cuestión de vaguería... quién sabe". Si lo era, mi voluntad de enmendarme debe de haber resultado poco firme, porque por ahí anda ese poema igual de mutilado e incompleto que estaba antes de terminar el año. Y el año anterior. Pero yo prefiero pensar que es que la poesía es una cuestión de exactitud: a lo que quiera que sea el germen de un poema no le valen, o no deberían valerle casi nunca, los versos porque sí. Ninguna palabra debería ser en él un mero nexo entre otras dos, ninguna la aproximación más vaga y más confusa a esa idea inicial. Hay algo dentro de mí que me repite que no escriba si no conozco la palabra exacta que se corresponde con la nebulosa, tan nítida cuando la pienso abstracta y muda, de lo que quiero decir. Hay algo que me dice que escribir un poema es la antítesis de escribir un poema.