viernes, 10 de octubre de 2014

¿Qué leía Julio Cortázar?

Anthony Burgess,
Du miel pour les ours: roman,
Acropole, París, 1980.
Biblioteca Julio Cortázar,
Colección Fundación Juan March.
Este año tuve la inmensa suerte de colaborar en el proyecto expositivo Libros (y otras publicaciones) de artista, 1947-2013 durante mis prácticas en la Fundación Juan March. No fue casual que aproximadamente la mitad de los objetos que se exponían en esta muestra perteneciese a la biblioteca privada de Julio Cortázar, donada por su viuda a la Fundación en 1993, un auténtico tesoro para lectores, bibliófilos, apasionados del escritor y curiosos en general. Porque, hay que reconocerlo, todos somos bastante cotillas cuando se trata de bucear entre objetos personales de autores que admiramos. 


Arthur Rimbaud,
Una temporada en el infierno,
Séneca, México, 1942.
Biblioteca Julio Cortázar,
Colección Fundación Juan March.
Julio Cortázar vivía entre las páginas de Francisco de Aldana, Guillaume Apollinaire, Apolonio de Rodas, Aristófanes, Woody Allen, Charles Baudelaire, Samuel Beckett, Bertolt Brecht, Antonio Buero Vallejo, Charles Bukowski, Anthony Burgess, William Burroughs, Dino Buzzati, Pedro Calderón de la Barca, Truman Capote, Noam Chomsky, Kenneth Clark, Leonard Cohen, Colette, Thomas De Quincey, Fiodor Dostoyevsky, Bob Dylan, Mircea Eliade, Eurípides, Allen Ginsberg, Eugène Ionesco, Carl Gustav Jung, Franz Kafka, H. P. Lovecraft, Jorge Manrique, Augusto Monterroso, Vladimir Nabokov, Anaïs Nin, Flannery O'Connor, Erwin Panofsky, Ezra Pound, Quino, Arthur Rimbaud, Juan Rulfo, Anne Sexton, Tristan Tzara, César Vallejo, Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar...y así hasta 1162 nombres de autores que cubren el ancho del mundo y el largo de la historia. 

Páginas más o menos gastadas a fuerza de pasarlas, amarillentas, dedicadas o anotadas; páginas casi escultóricas, desplegables, como las de los libros-objeto de Octavio Paz; de una rara belleza; páginas únicas e inclasificables. La biblioteca de Julio Cortázar no era únicamente un paraíso para la lectura, sino también para el tacto y la vista y en ella convivían las ediciones de bolsillo con los manuscritos y los libros más extraños y exquisitos que puedan imaginarse. Esta es la otra cara de la moneda, el reverso del riquísimo mundo de creación literaria de Julio Cortázar. Disfrutad.


Octavio Paz, Vrindaban, Claude Givaudan, Ginebra, 1966.
Biblioteca Julio Cortázar, Colección Fundación Juan March.

J. M. Folon, La vie sentimentale de J. M. Folon, Olivetti, Italia?, 1969.
Biblioteca Julio Cortázar, Colección Fundación Juan March.

Claude Tarnaud, L'incendiare; Les feux du diamant, Nueva York, 1961.
Biblioteca Julio Cortázar, Colección Fundación Juan March.





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