jueves, 25 de septiembre de 2014

Ciudades

L. S. Lowry, Old Town, 1941

Suelo pensar que una ciudad es el mejor de los poemas. De repente una calle despierta en tu interior esa extrañeza, esa mezcla de pena y de alegría por las cosas que creías ya olvidadas; en el aire de un verano en una inesperada plaza se mece otro verano mucho más distante, la misma pesadez en el ambiente, la misma forma de filtrarse el sol agonizante entre los árboles; las fachadas de un barrio que tus pies transitan por vez primera son los muros que cercaron otro instante de tu vida, en otro barrio, en otro año impreciso. Muchas veces me encuentro con mi sombra paseando las calles de mi infancia de una ciudad en la que no he nacido. Y otras veces las ventanas son tan tristes como el pozo más oscuro del recuerdo, la altura de las casas dibuja los instantes verticales que escondo en la memoria, el olor de una calle junto a un parque me hace verme pequeña, mirando el mundo casi a ras de suelo, tratando de descifrar el lenguaje tan raro de mis padres.

Y siento, para colmo, una profunda nostalgia por las ciudades en las que nunca he estado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario